jueves, 18 de abril de 2013

De por qué adoro la lectura.

Cuando entro en mi habitación, no hay nada que me dé tanta paz como contemplar mi estantería, repleta de libros, esperando siempre para mí, ávida yo de leerlos, ansiosos ellos por ser leídos.
Sus lomos, apilados unos contra otros tiempo atrás, sin más orden que el motivo olvidado que me llevó a comenzarlos, reposando plácidos, de colores y texturas diferentes, camuflan sus palabras, nos engañan.
No elijas nunca un libro por su portada, pues así no encontrarás ninguno que te llene; deja que el susurro de su historia te guíe hasta él, que el roce de sus páginas sea especial para ti, y ábrelo, sumergiéndote entre sus letras, dejándote llevar.
Una vez terminado, nota lo embriagador que resulta escuchar ese susurro nuevamente, otro relato que se descubre ante ti, un nuevo mundo por explorar, solos tú y esa marejada de palabras vivas. Conoce esos lugares, sus protagonistas, sus vidas. Fúndete con ellos, sé ellos, viaja lejos, a un lugar solamente tuyo.
Quizá con el tiempo mires fuera del adictivo mundo de tinta que crea la lectura, y compruebes que no serás capaz de leerlos todos, que jamás cruzarás todas sus puertas, y te anguesties y comiences a devorarlos, tragando páginas y palabras casi sin dejar que los hechos tomen forma en tu mente. No lo hagas.
Es cierto que no podrás leerlos todos, pero aprender a leer lleva tiempo; no a leer las palabras, sino a leer lo que estas quieren decirte, escucharlas.
Y, aunque así no podrás disfrutar de todos ellos, al final no echarás ninguno en falta, no lamentarás haberte dejado miles sin probar, porque aquellos que te hayan acompañado serán los que te hayan hecho llegar a ser quien eres, serán tus libros y no necesitarás ninguno más.

domingo, 14 de abril de 2013

Mi primer soneto suspirado.

Sus dedos dudaron un instante exacto
su voz tembló sólo una vez y calló
una carcajada lejana, tenor
sonaba mientras te ibas alejando

Hacía poco que había nacido el sol
pero enseguida nos llegó la luna
perdimos tus manos en mi cintura
perdimos aquel tono, un fa menor

Llueve con furia en charcos furiosos
las nubes esconden un escenario
que nos ha visto comernos a besos

Si sólo me queda el olvido angustioso
si fuiste mi deseado calvario
si acaso nos recuerdan los reflejos.